Desde que creé Smart Sapiens, me pregunto: «¿Sigo escribiendo para aprender o estoy aprendiendo para tener algo que publicar?»

Me he encontrado a veces leyendo un libro que me interesaba y pensando qué contenido podía sacar de él sin haber terminado la página de ese momento.

He caído en una trampa de la que estoy saliendo.

Empecé este trabajo porque entender la mente despertaba mi curiosidad. Creo que terminé organizándolo hasta dejarla sin espacio. Me pregunto si eso explica que lleve unos tres años sin escribir artículos para el blog.

Aquello que nos interesa puede convertirse en algo que nos exigimos producir. En mi caso, lo noté porque en mi trabajo faltaba la fascinación.

En una conversación escuché a Antonio Escohotado decir una frase que atribuía a Hegel: «El amor es el sentimiento de la vida». Al pensar en ella, llegué a esta: para mí, la curiosidad es la emoción del trabajo.

Si algo me importa, quiero conocerlo. Quiero descubrir detalles y hacerme preguntas sin reducir ese interés a lo que pueda obtener.

Escribir en este blog me ha ayudado a explorar temas y cultivar las ganas de aprender. Pero la pregunta se puede extender a cualquier oficio.

¿Me interesa hacer este trabajo o la vida que imagino que conseguiré gracias a él?

Quiero resultados, pero quiero encontrar interés en el trabajo que hago para conseguirlos.

Hay gestiones que hago por responsabilidad y tareas que me aburren, aunque formen parte de un oficio que me importa.

Una pregunta puede bastar para empezar. Darle continuidad significa leer, probar, equivocarme y volver a leer con lo que he descubierto al intentarlo. Lo que aprendo me permite hacer preguntas que se me escapaban al inicio.

Puedo pasar una tarde abriendo artículos, guardando vídeos y descubriendo herramientas sin profundizar en nada.

La novedad puede despertar una pregunta. Profundizar requiere volver a ella.

Quiero cuidar la curiosidad que me lleva a descubrir algo y me da una razón para quedarme.

Si cada texto debe demostrar que tengo algo que decir y cada respuesta que sé hacer mi trabajo, se reduce el margen para explorar. Mi atención se va a lo que el resultado dice sobre mí.

Quiero que mi trabajo sea un lugar en el que pueda aprender sin convertir cada dificultad en un juicio.

Para ello, necesito dejar espacio en mi horario para que surjan preguntas. Durante estos años me he preguntado si he perdido el interés por lo que hago o si he organizado mis días hasta dejarlo sin espacio.

Puede que necesite aflojar el ritmo, permitir que una lectura se quede en una lectura y probar algo sin conocer su utilidad.

La curiosidad puede ayudarme a mejorar lo que hago o llevarme a cuestionar los motivos por los que sigo haciéndolo.

Al decir que la curiosidad es la emoción del trabajo, pienso en conservar una relación con mi oficio en la que siga habiendo algo que quiera comprender.

Puedo terminar el día sin terminar de aprender mi oficio.

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