Imagina que estás en un ring de boxeo, listo para el combate.

El estrés es ese oponente que no ves venir, pero que sabes que está ahí, acechando.

Estás preparado para lanzar un puñetazo o esquivar, pero…

No hay nadie frente a ti.

Estás listo para la acción, pero no hay acción que tomar.

Estamos programados para responder como si tuviéramos que luchar o huir, pero la mayoría de las veces, lo único que necesitamos hacer es… respirar.

Tu cuerpo se carga de energía, listo para escapar de un león que, en realidad, es solo un correo electrónico sin responder o una pila de platos por lavar.

Así que, ¿cómo le haces frente a un enemigo que es básicamente una sombra?

Simple, pero no fácil: siendo proactivo.

Esperar pasivamente a que el estrés decida darse un descanso es como esperar a ganar la lotería sin comprar un billete.

Empecemos por lo básico: aprender a priorizar.

El estrés se alimenta de tu indecisión y de tu tendencia a tratar de abrazar el mundo con los brazos cerrados.

Técnicas como la meditación, el ejercicio, la escritura, o incluso, sí, tomar ese curso de cerámica que siempre has querido, no son solo pasatiempos; son tu equipamiento para el combate.

Son la forma de decirle a tu cuerpo: «Hey, sé que estás listo para correr, pero ¿qué tal si en lugar de eso, corremos en el parque?».

Recuerda, vivimos en un tiempo donde el estrés no es el tigre acechando en la selva; es un montón de papeles en tu escritorio.

No necesitas luchar o huir; necesitas redirigir esa energía.

Hazlo bien, y podrás convertir lo que antes era un campo de batalla en un parque de juegos.

No porque el estrés desaparezca, sino porque aprendes a jugar con él.

Lisa Feldman Barrett dice: todo lo que nos amarga la existencia tiene un precio, y ese precio es energía.

El estrés es como un taxímetro que no para de correr mientras tú estás atrapado en el tráfico, viendo cómo se evapora tu gasolina.

Así que, ¿cómo frenamos este despilfarro energético?

La clave está en ser proactivo, no en esperar a que el mamut imaginario toque la puerta.

Significa priorizar, entender que no todo merece el nivel de alerta máxima.

Se trata de elegir tus batallas, de saber cuándo preparar las armas y cuándo simplemente sonreír y seguir adelante.

El estrés, entonces, no es más que un malentendido entre tu cerebro y tu realidad.

Tu cerebro se prepara para una maratón, y tú solo necesitas dar un paseo.

No todo requiere un despliegue energético de emergencia.

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