Daniel Kahneman nos dejó un juego para nuestra mente:

Imagina que tienes dos «yos» dentro de ti.

Uno, el Yo Experimentador, vive en el momento presente, saboreando cada segundo de la existencia como si fuese el último sorbo de un buen café.

El otro, el Yo Narrador, es el maestro cuentista que teje las historias de tu vida, seleccionando qué momentos pasarán a la posteridad en el gran libro de tus recuerdos.

Cuando soñamos con el futuro, no lo hacemos como seres que esperan vivir esas experiencias, sino como si ya las hubiéramos vivido y estuviéramos recordándolas.

Así, nuestras expectativas de felicidad no se construyen en base a cómo vamos a experimentar la vida, sino en cómo vamos a recordarla.

Hay un detalle que Kahneman destaca: hay una gran diferencia entre ser feliz en tu vida y sentirte feliz con tu vida.

El Yo que recuerda toma las riendas cuando se trata de tomar decisiones, no el Yo que vive el ahora.

Y ahí es donde la cosa se pone complicada, porque lo que recordamos es solo un resumen muy, muy resumido de todo lo que vivimos.

¿Qué significa todo esto?

Que muchas veces, en la búsqueda de esa felicidad idealizada, nos guiamos por cómo queremos que nuestra historia se cuente, en lugar de cómo queremos vivirla.

Buscamos momentos «fotogénicos» para nuestro álbum mental, olvidando que la felicidad, está en el aquí y el ahora, en esos instantes que, aunque efímeros, son reales.

¿Cómo quieres vivir?

¿Persiguiendo momentos que lucen bien en el recuerdo o sumergiéndote de lleno en cada experiencia?

Fallece uno de los más grandes psicólogos de la historia.


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