Tu mente no está aquí solo para mandar.

No, no.

Está aquí, ante todo, para servir.

Y su jefe, su verdadero jefe, es tu cuerpo.

Sí, has leído bien.

No al revés.

¿Pensabas que tu cuerpo era solo el peón en este juego, siguiendo las órdenes de una mente caprichosa?

Error.

La gran jugada de la naturaleza es que tu mente trabaja a destajo, día y noche, no para alcanzar grandes filosofías o acumular likes en Instagram, sino para algo mucho más básico y esencial.

Tu mente trabaja para mantener a tu cuerpo navegando a flote en este mar a veces tranquilo, a veces tempestuoso.

Estamos en una era donde la información nos asedia como abejas a la miel, y es fácil olvidar para qué estamos realmente programados.

Cada preocupación que te roba el sueño, cada deseo que te hace salivar, está, en última instancia, al servicio de tu cuerpo, que busca sobrevivir y, si tiene suerte, disfrutar.

Nuestra mente, tan desarrollada, a veces se pierde en su propio laberinto.

Se obsesiona con problemas, se ahoga en el estrés, y se olvida de lo básico: cuidar del cuerpo que le da la vida.

Es hora de darle la vuelta a la tortilla.

De recordar que cuidar de tu cuerpo no es un lujo ni una tarea secundaria.

Es el trabajo principal de tu mente. ¿Hambre? Come. ¿Cansancio? Descansa. ¿Estrés? Respira.

Escucha las señales, porque en ellas encontrarás la clave para realmente vivir bien.

Contrariamente al sentido común, nuestro cuerpo no está para servir a los impulsos de nuestra mente, sino que la mente está para satisfacer las necesidades del cuerpo en un entorno determinado.

No todo se resuelve mentalmente.

También pensamos observando el cuerpo.

Cómo muy bien ilustra Nazareth Castellanos en su libro Neurociencia del Cuerponuestro cuerpo expresa lo que la mente no puede, no sabe, o no ha descubierto todavía.

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