Una generación que no soporta el aburrimiento, es una generación de escaso valor”.- Bertrand Russell

El aburrimiento es una emoción importante que no solemos permitir ni cultivar en occidente. Y al mismo tiempo, se trata de un concepto totalmente desconocido en algunas partes del mundo.

Antropólogos que han trabajado con algunas poblaciones de África, les sorprende la capacidad que tienen para tolerar el aburrimiento. Son capaces de estar todo el día sentados bajo árboles sin hacer nada ¿Y nosotros?

Normalmente el aburrimiento hace acto de presencia cuando nos tomamos demasiado en serio el valor de nuestro tiempo libre pensando en ser productivos. La tensión de exigir al tiempo libre una realización óptima, tratando de extraer el máximo rendimiento, termina bloqueando la posibilidad de disfrutar del ocio. A veces sometemos a tal presión nuestro tiempo que todo aquello que no cumpla los estándares de alta exigencia se convierte en aburrido.

En nuestra sociedad estresada, la mayoría de personas ven la pereza como un rasgo negativo. Sin embargo, ser perezoso puede tener muchas ventajas, y llegar a convertirse en una herramienta útil para descubrir el potencial de nuestro cerebro. Es la oportunidad perfecta para reflexionar, relajarnos y en muchos casos, ayudarnos a desarrollar nuestra dimensión creativa. Vamos a ver por qué razones.

¿Por qué nos aburrimos?

Siempre elegiré a una persona perezosa para hacer un trabajo difícil porque una persona perezosa encontrará una manera fácil de hacerlo.” – Frank Gilbreth

El estado de aburrimiento se compone de dos dimensiones. Un arousal bajo (componente objetivo) y una sensación de malestar (componente subjetivo). Es decir, una falta de actividad neural suficiente para motivarnos, acompañada de una sensación de desinterés, frustración o insatisfacción. Ambas dimensiones son necesarias. Pero, ¿realmente es algo malo si incluso las personas más motivadas y trabajadoras se sienten a veces perezosas? ¿Qué sucede en el cerebro y por qué es necesario aburrirse?

A priori, el aburrimiento podría parecer similar a la depresión pero la diferencia reside en la atribución de la causa que lo produce. Mientras que la depresión centra los aspectos negativos en uno mismo, la atribución de causa del aburrimiento se sitúa en el exterior. Cuando nos aburrimos achacamos nuestro estado a una falta de cosas interesantes que hacer. 

Por ejemplo, hubo un estudio con 204 estudiantes universitarios que completaron cuestionarios sobre su susceptibilidad al aburrimiento y sobre sus emociones. Los estudiantes que dijeron que sufrían más aburrimiento también estaban más centrados externamente y reportaron mayor dificultad para identificar sus emociones.

Es decir, nuestra tendencia natural a buscar estímulos y distracciones externas cuando estamos aburridos es la solución automática pero equivocada. Como si fuera una trampa de arenas movedizas, este tipo de reacciones sólo sirven para reforzar el aburrimiento, alejándonos aún más de entender por qué nos sentimos perezosos. De hecho, de forma bastante clara se ha visto que las personas que menos aceptan el aburrimiento son las que presentan más síntomas de depresión, ira, impulsividad o baja autorrealización (estudio, estudio, estudio, estudio). 

Por otro lado, para nuestros ancestros el aburrimiento era un estado aversivo que les proporcionaba información sobre su comportamiento y su entorno, y así fomentar la exploración, minimizar los costes de oportunidad o maximizar el aprendizaje. (estudio)

La clave está en saber gestionar el estado de aburrimiento. Fijar la causa del fenómeno en el exterior solo aumenta la probabilidad de caer en la frustración e indefensión.

El cerebro cuando nos aburrimos

Cuando el cerebro no está inmerso de forma activa en una tarea concreta se activa la red neuronal por defecto. Sin embargo, no hay muchas diferencias entre un estado de tranquilidad y otro de aburrimiento. Aparentemente, las diferencias en neuroimagen son pequeñas (estudio

La relación del aburrimiento con la RND radica en que este representa un intento fallido de reclutar la red de control ejecutivo durante la monotonía. Es decir, el aburrimiento surge cuando la tarea a realizar requiere una atención activa y sostenida, pero es tan banal que no logra ningún tipo de implicación ni estimula la motivación en modo alguno. Aquí es donde tiene que ver el componente de arousal.

Si la relevancia o significación de la tarea no logra superar un umbral mínimo, la activación no será suficiente para mantener esa tarea a flote.

Visto de otra forma, el aburrimiento parece haber evolucionado para proporcionar información sobre las capacidades motivacionales y cognitivas actuales de las personas y reorientarlas hacia actividades más significativas o beneficiosas. Aunque en entornos moderno, esta señal puede dar lugar al abuso de comida, adicción a drogas, a tecnologías, a redes sociales… dado el fácil acceso a estas soluciones temporales que sientan bien, pero que tienen un coste a largo plazo.

Por otra parte, la baja actividad de esta red por defecto se correlaciona negativamente con la actividad de la zona anterior de la ínsula. ¿Por qué esto es relevante? Por la segunda parte del aburrimiento: el malestar.

La ínsula también participa en la gestión emocional. Este área es clave para interpretar y gestionar de manera eficiente la información emocional procedente, sobre todo, de señales internas.

Esta actividad explica ambos aspectos del aburrimiento: la baja activación y el afecto negativo. Si durante demasiado tiempo una actividad no genera suficiente activación,  el cerebro genera un malestar subjetivo para desincentivar la conducta. (estudio) El aburrimiento es así tanto una señal afectiva como un impulso. (estudio)

Demasiado aburrimiento no es bueno para nosotros… produce muchos resultados negativos, como falta de concentración, accidentes, toma de riesgos o incluso búsqueda de emociones. Pero, sin duda, tiene beneficios positivos

Vamos a ver por qué la pereza es a menudo la otra cara de la moneda de la productividad. Más que un signo de improductividad, puede ser una señal de inteligencia.

Beneficios del aburrimiento para nuestro cerebro

El smartphone nos da mucho, pero nos quita tres elementos clave del descubrimiento: la soledad, la incertidumbre y el aburrimiento. Siempre han sido el origen de las ideas creativas.” – Lynda Barry

En cuanto a la creatividad, cuando realizamos actividades más pasivas, estamos dejando más espacio para divagar (estudio).

¿Cuántos inventos de la humanidad han nacido por pereza? Aburrirse debería ser una buena señal que indicara que no tenemos preocupaciones mayores orientadas a nuestra supervivencia. Cuando nos encontramos con un espacio-tiempo que hay que cubrir y sin la presión de una oferta de entretenimiento titánica, se facilita el reto de la creatividad.

Por otro lado, el aburrimiento nos ayuda a gestionar la procrastinación. Gracias al aburrimiento valoramos si hacer cosas es necesario o no. Hay personas que prefieren deliberadamente trabajar bajo presión y toman la decisión de procrastinar de vez en cuando. Es una muy buena manera (aunque requiere autoconocimiento) de tener el control de nuestro tiempo y rendimiento. (estudio, estudio) Además de ayudarnos a manejar el estrés (estudio, estudio). 

Relacionado con lo anterior, las personas que saben gestionar el aburrimiento son capaces de cuidar mejor sus niveles de energía y atención. Gracias al aburrimiento, podemos introducir actividades en nuestras rutinas que se traducen en productividad y bienestar (limpiar la casa vs. leer un libro). Estos llamados “multiplicadores de energía” nos ayuda a sobrellevar actividades que consumen mucho tiempo. 

Incluso, tener tiempo para aburrirnos fomenta el pensamiento difuso. Nuestra mente tiene dos modos de pensar: el modo difuso y el modo enfocado. Necesitamos mantener una oscilación constante entre los dos modos para ser más creativos y productivos. La divagación, una forma de pensamiento difuso, es un mecanismo útil para que nuestro cerebro procese la información, que a veces conduce a soluciones no obvias. Otro beneficio de dejar que nuestra mente divague sin prestar atención a una tarea productiva es una mayor concentración en nuestros objetivos a largo plazo (estudio). Un poco de pereza hoy, para un tiempo más productivo mañana.

En general, el aburrimiento resulta desagradable, y supone sentirse inquieto y sin ganas al mismo tiempo. Pero cumple una función importante: el aburrimiento hace que estemos dispuestas a realizar actividades que les resulten más significativas que las que tienen a mano. La emoción desagradable de aburrimiento es un recordatorio de las cosas importantes que no estamos atendiendo.Es una paradoja. Consideramos que el aburrimiento es como una emoción negativa y, sin embargo, es una fuerza que nos motiva

Conclusión

«Todos los problemas de la humanidad se derivan de la incapacidad del hombre para sentarse en silencio en una habitación solo.” – Blaise Pascal

¿Y si nunca nos sentimos aburridos? Quizás estemos evitando conocernos mejor a nosotros mismos y ser transparentes con nuestras emociones. Si somos vulnerables al siguiente golpe de cualquier distracción, no aprendemos quiénes somos ni cómo conectar con nuestra esencia. Aprender a estar bien con la falta de estímulos es una habilidad básica: al estar tranquilos y solos tenemos la oportunidad de ponernos en contacto con nuestros sentimientos y necesidades, y esta experiencia puede armarnos con la información que necesitamos para salir y conectar con el mundo.

En ocasiones, nos mantendremos ocupados como mecanismo de defensa para alejar los pensamientos y sentimientos desagradables. (estudio) Como solución, podemos reservar momentos para descansar y dar espacio al aburrimiento.

Con el tiempo y la exposición al aburrimiento aprenderás a manipularlo como una herramienta. Verás que la pereza puede utilizarse para ser más productivos y estar más relajados a largo plazo. Sentir pereza puede ayudarnos a tomar decisiones más inteligentes, encontrar soluciones innovadoras y mantener a flote nuestra salud mental.