Cómo Aumentar tu Motivación: Estrategias para tomar Acción

«Saber no es suficiente, debemos aplicar. No basta con estar dispuestos, debemos hacerlo.» – Bruce Lee

¿Cómo se explica la motivación desde el cerebro? ¿Por qué nos sentimos paralizados para hacer determinadas cosas e incapaces para abandonar otras?

El control que ejercemos sobre nuestro comportamiento a veces es parcial. Para ello, confiar en nuestra fuerza de voluntad es inútil, y pensar que la motivación es nuestra solución, es otro error.

Cuando queremos motivarnos, una de las desventajas de nuestro inteligente y moderno cerebro (y su capacidad de imaginar cosas) es que a menudo pasamos más tiempo pensando que tomando acción. La realidad es que el puente entre hacer plan y su ejecución, entre una idea y su resultado, es la acción.

En el artículo de hoy aprenderás a desmitificar la motivación de una vez por todas y estrategias psicológicas (que funcionan) para tomar acción.

Nota: se trata de un artículo largo (unos 15 minutos de lectura) que te darán una comprensión adecuada sobre cómo conseguir motivación 🙂

Errores sobre la motivación

Al leer la biografía de cualquier gran pensador, empresario o líder en la historia, hay una cualidad que emerge repetidamente: la energía con la que guían sus acciones. Por ejemplo:

  • Benjamin Franklin empezó un imperio con la imprenta, se retiró a los cuarenta, inventó el pararrayos y ayudó a escribir la Declaración de Independencia.
  • Marie Curie ganó dos premios Nobel mientras criaba a sus hijos.
  • O Thomas Edison que dormía cuatro horas por noche para tener tiempo para sus invenciones.

A largo plazo, tu motivación no depende de pequeños impulsos de la vida, sino de toda tu energía puesta al servicio de tus ideas. Es decir, la chispa que enciende la acción se produce desde dentro hacia afuera, empezando por recuperar tu singularidad.

Como un río que fluye cuesta abajo, tu comportamiento tiende a establecerse en el lugar de mayor recompensa. Puedes construir presas para redirigirlo, pero tus esfuerzos tienen un alcance limitado. Progresaras más cuando no trates de empujar el agua cuesta arriba, sino cuando dirijas sabiamente tus acciones.

El esfuerzo no lo es todo. Si quieres ganar motivación, debes cambiar tu identidad y aportar significado al proceso de cambio.

Tus acciones surgen del tipo de persona que crees ser. Por tanto, todo tu comportamiento está muy influenciado por tu identidad .

Además, la motivación no es algo que se tiene, como una nariz, una consola o un piso en la montaña. La motivación es algo que se hace y se construye.

En psicología muchas veces se sustantivizan los verbos. Por ejemplo, observamos a alguien que se esconde en circunstancias sociales y decimos: «es tímido». Y siempre que usemos eso como descripción, no pasa nada. «Tímido» es un resumen de lo otro.

El problema sucede cuando decimos que «tiene timidez». De pronto, la causa de que se comporte de una manera determinada está en algo que «tiene» en su «interior»: la timidez.

Y entonces creamos industrias para medir la timidez, para encontrar el gen de la timidez… Porque de pronto, ese conjunto de comportamientos que habíamos resumido en un adjetivo, «tímidos», se convierte en un sustantivo que debe ser encontrado.

Por desgracia, lo mismo pasa con la motivación: si Juan no hace X, es porque «no tiene motivación». Si lo hace, sí que la tiene. La motivación se convierte en algo cuya existencia se infiere a partir de los propios comportamientos que se supone que explica.

Por ejemplo, habrás oído hablar de motivación intrínseca y extrínseca. Intrínseca cuando lo haces «porque te sale de dentro» y extrínseca cuando lo haces «por los beneficios que reporta». ¿Por qué reducir la motivación a teoría es una barbaridad?

Neuroscientific and Psychological Approaches to Incentives (Chapter 6) -  The Cambridge Handbook of Motivation and Learning
La motivación intrínseca o extrínseca es solo una parte de cómo se construye una conducta. (estudio)

La única diferencia entre esos dos «tipos» de motivación es la fuente del refuerzo para la conducta. Si es autoadministrado («lo hago porque me sale»), es intrínseca. Si es administrado por el entorno, extrínseca. Fin del misterio. Es decir, trata a la motivación como algo interno y que causa el comportamiento.

Si te pagaran por hacer una actividad, ¿la encontrarías menos divertida después? Toda esta teoría sale de este estudio.

Estas teorías confunden la metáfora con la realidad. Motivación en cualquier caso hace alusión a las necesidades y lo que determina la conducta, por tanto, hablar de motivación es hablar de toda la psicología de tu persona: genes, personalidad, aprendizajes a lo largo de la vida, cómo regulas tu estado afectivo, tus circunstancias, tu autoestima, tu autoconcepto, etc.

Motivación no es otra cosa que el trabajo aplicado a estos aspectos, por tanto implica conocer tu psicología entera.

Cualquier otro concepto de motivación es pura ingenuidad. Por esa misma razón «motivación» no puede estar en un libro, sino en el entendimiento integral de rasgos de personalidad, refuerzos, circunstancias y el problema concreto de una persona.

El problema: ¿por qué no tomamos acción?

La falta de información no explica la inacción. A veces sabes lo que tienes que hacer… pero simplemente no lo haces. En estas situaciones el problema normalmente cae en una o más de estas categorías que resumen bien la neurociencia de la motivación:

  • Primero, la falta de ilusión. Existen demasiados impulsos débiles (las expectativas de tu familia, amigos o compañeros) que a menudo son evadidos porque no existe una razón fuerte que sientas con todo tu cuerpo. No forma parte de tu identidad, y si tus proyectos o tareas no te ilusionan, todos los consejos del mundo tampoco te ayudarán.
  • Segundo, un bajo umbral de ansiedad. ¿Por qué pospones ciertas tareas? El problema es el contrario que el anterior. En lugar de carecer de recompensa, te preocupas más por el castigo.
  • Y tercerno, un exceso de distracciones. Si tu tendencia a hacer otra cosa es más fuerte que tomar acción, te distraerás. Las mismas subrutinas mentales que te llevan a mayores recompensas pueden resultar contraproducentes cuando las recompensas son superficiales.

Entonces, para poner solución a estos problemas, la acción es tu único aliado para dirigir y crear hábitos mantenidos en el tiempo.

Acciones, hábitos e identidad

La razón por la que los hábitos son importantes es que son capaces de hacer cambiar nuestras creencias (no tanto nuestros resultados) y ayudar a construir una nueva identidad.

Además, para nuestro cerebro, literalmente somos lo que hacemos. Nuestra conducta va cambiando la configuración de nuestras neuronas constantemente, a partir de procesos psicológicos y biológicos (lo que llamamos, neuroplasticidad).

De esta manera, el cerebro se adapta al ambiente para reforzar aquellas funciones que trabajamos. Por ejemplo:

  • Los taxistas que cuentan con un hipocampo de mayor volumen para almacenar la información de toda una ciudad. (estudio)
  • Las personas ciegas que utilizan sus neuronas occipitales para aumentar la resolución del resto de sus sentidos. (estudio)
  • O los músicos que cuentan con áreas de procesamiento de los sonidos más hipertrofiadas. (estudio)

Sin embargo, no toda neuroplasticidad es adaptativa: un mal cuidado en la infancia, dolor crónico o adicción al trabajo. El sistema nervioso puede formar una red de conexiones neuronales densas que perpetúa desde la propia estructura neuronal un estado de autoactivación. Por ello, los hábitos son un arma de doble filo.

Es decir, un hábito no se elimina fácilmente con una charla, dado que el procesamiento semántico en tu memoria de trabajo no deshace el cambio físico de una red neuronal.

Tus malos hábitos no son falta de conocimiento, sino procedimientos reforzados que no logran ser inhibidos: el hipotálamo de una persona con obesidad no entiende el lenguaje verbal del castellano con el que le decimos una superficialidad sobre comer menos y moverse más.

En este caso, su corteza cerebral le aporta flexibilidad para dejar de comer. Pero debajo de eso hay millones de conexiones subcorticales que dirigen las motivaciones de la conducta. Tu conducta no es ese diálogo interno, sino múltiples grupos del cerebro activándose y haciendo su trabajo.

Ante estos problemas, la acción es la única manera de cambiar nuestras estructuras neuronales.

La semilla de cada hábito es una pequeña acción. Imagen

Solo con la repetición de las acciones correctas estarás dirigiendo tu neuroplasticidad en un sentido positivo.

En resumen, tu identidad define en gran parte tus acciones, pero la relación es bidireccional. Tus acciones influyen a su vez en tu identidad. (estudio) Cada acción es un voto por la persona en la que te quieres convertir, pero primero debes conocer cómo tomar acción.

La neurociencia de la motivación

Uno de los retos de tener un cerebro con millones de neuronas independientes es que a veces se necesita sólo una respuesta. Si al mismo tiempo tratas de sentarte y levantarte para tomar un vaso de agua, probablemente te caigas.

La dirección motivacional

Existen dos conductas principales en los seres vivos: aproximación y retirada. La dirección motivacional en uno u otro sentido según la cualidad y significado de los estímulos del medio se realiza mediante:

  • el sistema de recompensa (modo aproximación en los sistemas hedónicos entre ganglios basales y la corteza),
  • y el sistema de estrés (modo retirada o inhibición mediante afecto negativo a nivel somático y visceral partiendo desde la amígdala y el sistema simpático).

Para sobrevivir y dejar descendencia debemos explorar el medio para encontrar señales que anticipen reforzadores primarios (sexo o alimento) produciendo activación fisiológica y deseo. Además de consumarlos produciendo placer que refuerce las memorias de estas señales.

Los núcleos del placer del sistema de recompensas son filogenéticamente antiguos (troncoencéfalo y áreas subcorticales) para activarse ante recompensas disponibles. Pero se juntan con sistemas de recompensas socioemocionales y corticales que permiten tomar decisiones desde el cerebro social y a largo plazo.

  • Los primeros codifican señales que producen placer a corto plazo (trucos sensoriales que engañan al cerebro: comida, pornografía…)
  • Y los segundos a través de señales más complejas que implican aspectos cognitivos en torno al significado de elementos importantes para nuestro bienestar.

Por desgracia, en el mundo moderno una evaluación excesivamente hedónica conduce a una vida de recompensas inmediatas, riesgos que no merecen la pena, elecciones cortoplacistas, etc. Y una evaluación excesivamente negativa y defensivas de la realidad se traduce en conductas de confort, hiperregulación cognitiva (victimismo) y ansiedad.

Nuestro ambiente cambia más rápido que nuestros genes. Debido a la asincronía entre las funciones básicas de nuestro sistema nervioso y nuestras normas sociales, a menudo las personas consuman comportamientos que son contraproducentes.

No podemos olvidar que este sistema hedónico es filogenéticamente antiguo y exitoso en asegurar nuestra supervivencia, por lo que es un potente motivador de nuestra conducta que debemos aprender a controlar.

Cualquier motivación va a estar dirigida por estos sistemas.

Naturaleza psicológica de la motivación

Además, la experiencia de placer se produce en todo el cuerpo aunque luego se integre en el sistema nervioso central.

Debe haber una atracción que supere las consecuencias negativas de una acción (comer una bandeja de galletas), o bien, consecuencias positivas que superen la aversión que se experimenta ante una actividad (correr una marathon).

Aunque el placer no es infinito, ya que el cerebro corta el placer para defendernos de un exceso que desequilibre el sistema nervioso, nuestros niveles cognitivo a menudo no son suficientes para contrarrestar estos sistemas cuando se apropian de una conducta (mas aun convertido en hábito).

  • Por lo tanto, cualquier cosa que anticipe una recompensa tiene potencial para generar una conducta de aproximación.
  • Y cualquier cosa que anticipe un estado aversivo generará una conducta de retirada.

Sin embargo, muchas veces la acción de empezar es demasiado desmotivadora (coste de activación). Es decir, nuestro cerebro no solo dirige la motivación sino que debe integrar todos sus sistemas y seleccionar una acción.

Anticipar y sentir futuras recompensas o fracasos es importante para dirigir la motivación.

La selección de la motivación

No se necesita un sistema nervioso cuando no hay nada que decidir. Pero en el momento que se reciben distintas señales, se necesita decisión. Para ello existen unas estructuras que organiza los inputs de los distintos elementos que reciben señales: los ganglios basales.

Si quieres conocer un poco más de estas estructuras, te dejo este video de Clara García, divulgadora científica y doctora en neurociencia.

En la historia de la evolución existe una primera selección de la conducta talámica (estímulos externos) e hipotalámica (estímulos internos), pero la selección de la conducta evoluciona a ganglios basales. En concreto, hace 560 millones de años encontramos que la lamprea es uno de los primeros individuos que conservan las mismas estructuras que tenemos los humanos. (estudio)

Gran parte de nuestra conducta es subcortical, pero en el ser humano, la diferencia esta en que hay más conductas para seleccionar que en el caso de una rata o una lamprea. La corteza nos da opciones y nos permite evaluarlas en el tiempo (proporciona flexibilidad). (estudio)

De los distintos inputs (hambre, sed, sexualidad, cansancio, obligaciones…) se selecciona una motivación dependiente del contexto (selección de objetivo). Y el estriado dorsal selecciona las distintas opciones representadas por la corteza.

  • Lo que deseamos es seleccionado por el estriado ventral.
  • Y lo que hacemos es seleccionado por el estriado dorsal.

Sin embargo, muchas veces es difícil dar el salto y empezar a tomar acción porque tu cerebro evalúa muchas opciones y tiene que seleccionar una.

Estrategias para motivarnos

Por lo tanto, la motivación reducida a incentivos internos o externos es tremendamente superficial. Para generar una motivación debemos dirigir nuestra atención, a la vez que, anticipamos, planificamos, simplificamos, sentimos con el cuerpo y seleccionamos acciones. Vamos a ver estrategias psicológicas para tomar acción.

1. La conciencia culpable

La primera arma psicológica que puedes utilizar para tomar acción es evitar los comportamientos perjudiciales, generados por la búsqueda inconsciente de placer, utilizando la culpa.

Es decir, crear la sensación de autocrítica que se experimenta al cometer una acción que desaprueban tus objetivos.

Esto genera un sentimiento desagradable que actúa como motivación para abandonar las actividades perjudiciales. Este sentimiento negativo anticipado actúa como elemento de disuasión en contra del comienzo de una tarea. Se trata de anticipar la insatisfacción. (estudio)

2. Olvida los pros y contras

Una de las anomalías de nuestra mente es intentar estar de acuerdo racionalmente con las fuerzas del placer inconsciente. Si intentamos abordar un problema apoyados sobre la razón, nuestra lógica nos llevará a conclusiones que aumenten el placer o reduzcan el desagrado.

Nuestras deliberaciones se ajustarán a las compulsiones del placer. Lo que nos hará concluir que las actividades placenteras también son beneficiosas. Algo objetivamente falso. Los pros de una actividad placentera no son necesariamente justificados. (estudio, estudio) Cada vez que te encuentres en esta situación olvida la evaluación de tu mente y toma acción.

Es mucho más valioso vestirse, ir al gimnasio y estar 15 minutos, que no hacerlo.

3. Generar hábitos

En lugar de diseñar un hábito perfecto desde el principio, realiza acciones sencillas desde el principio y de forma consistente. Tienes que estandarizar antes de poder optimizar.

Los hábitos van a crear las bases de tu maestría. Cada aprendizaje automatizado abre el espacio mental para pensamientos más esforzados. Y así, las pequeñas acciones de cada día se convierten en la columna vertebral de tu excelencia. Cada pequeña acción te acercará a la persona que visualizas que quieres ser.

4. Cambiar el contexto

La manera más poderosa y efectiva de cambiar nuestro comportamiento es cambiar nuestro entorno. Es un método indirecto de influir en nuestras acciones.

La distribución de nuestra atención está mas determinada por el placer inconsciente que por cualquiera de nuestros esfuerzos o intenciones deliberadas. Y los pensamientos de búsqueda de placer son difíciles de evitar si están arraigados en nuestra realidad.

No estás condenado a ser una víctima de tu ambiente. Al contrario, puedes ser el arquitecto de tu propio ambiente. Si quieres que un hábito sea una gran parte de tu vida, convierte una señal en una gran parte de tu ambiente. Tomar buenas decisiones es más sencillo y natural cuando las señales necesarias para iniciar un hábito están justo en frente de tí. (estudio, estudio, estudio, estudio)

  • Si quieres tocar la guitarra más a menudo, colócala en el centro de tu habitación.
  • Si quieres beber más agua. llena varias botellas cada mañana y colócalas en lugares visibles.
  • Si quieres ir al gimnasio por la mañana después de despertarte, despeja tu habitación y prepara tu ropa de deporte.
  • Si quieres empezar a incluir mejores alimentos en tu dieta, empieza por hacer una lista de la compra donde incluyas menos (o ningún) alimentos ultraprocesados y más alimentos nutritivos.
  • Si quieres disfrutar de una sesión de estudio concentrado, deja fuera de la habitación cualquier dispositivo que pueda distraerte.
  • ¿Quieres dibujar más? Coloca los lápices, cuadernos y otras herramientas donde sean fácilmente accesibles.

Debes buscar maneras sencillas de disminuir las resistencias de las acciones que quieres tomar, y aumentar las de las acciones que quieres eliminar.

5. Emplear la motivación social

Los humanos somos seres gregario. Queremos encajar en el grupo al que permanecemos, relacionarnos y ganar el respeto y aprobación de otros. Son inclinaciones esenciales dictadas por nuestro cerebro social.

Únete a un ambiente en el que las acciones que buscas sean un comportamiento normal. Nada tiene la motivación mejor que permanecer a una tribu. Transforma una misión personal en una misión compartida.

Además, si una conducta puede proporcionarnos aprobación, respeto o elogios, la encontramos más atractiva. (estudio, estudio)

6. Anticipar los beneficios

Sin embargo, para ello hay que situar el agente causal de las circunstancias de nuestra vida de forma más interna que externa. Debes sentir tus decisiones y ver el esfuerzo directo de los resultados y decisiones.

Para ello debes ver los objetivos como el punto de partida de la conducta (estos representan el resultado deseado). La motivación es una parte del sistema de procesamiento de la información que inicia y guía el comportamiento dirigido a objetivos mediante reglas que evalúan costes y beneficios de las acciones alternativas potenciales.

Es decir, nuestro sistema nervioso no evalúa las acciones en curso, sino que evalúa las alternativas que conoce. Esto implica que la selección de objetivos no está guiada exclusivamente mediante deseos o necesidades, sino por una evaluación de los beneficios y los costes de continuar con la conducta. Aquellas actividades que nos motivan tienen una expectativa de altos beneficios que nuestro sistema nervioso anticipa.

Si no hay expectativa, no hay dopamina seleccionando acciones hacia objetivos que anticipen algo bueno. (estudio, estudio, estudio, estudio)

7. Controlar la fatiga

Una acción puede ser interrumpida por distintas causas:

  • Una es la fatiga, que responde a una compleja evaluación de costes y beneficios en distintos niveles (no solo cognitivo). (estudio)
  • Pueden existir por otro lado intrusiones externas en las que la atención es capturada por estímulos externos del ambiente con facilidad, u otras de tipo cognitivo o somático. (estudio)

La fatiga ocurre cuando los costes sobrepasan el punto de equilibrio con el beneficio anticipado.

El cortex cingulado anterior y los circuitos dopaminérgicos son los responsables del manejo del control del esfuerzo, mientras que niveles tónicos de noradrenalina señalizan hacia la selección del cambio de conducta. (estudio, estudio)

La fatiga es un estado de bajo arousal. Sin embargo, la fatiga también puede ser un estado de saturación y alto arousal psicológico que conduce a respuestas inhibitorias.

No lo confundas con el aburrimiento que es más una necesidad de alto arousal no cubierta y la incapacidad de encontrar en el ambiente estímulos que dirijan nuestra atención (smartphone, redes sociales, videojuegos o el gotelé del techo durante una clase en la universidad).

En un momento dado, puedes utilizar nootrópicos o suplementos como el café para ayudarte a regular la fatiga. Además de cambiar tu dieta y dormir bien y hacer actividad física.

8. Reducir el coste de activación

La dificultad de un nuevo reto te obliga a tomarte las cosas en serio. ¿Qué sucede cuando tienes limitaciones de tiempo? Automáticamente procrastinar está fuera de tu mente.

Gran parte de los hábitos que te hacen mejorar tiene un coste de activación. Es más difícil hacer ejercicio con regularidad, leer libros y trabajar en uno mismo que ver Netflix todo el día. Pero, una vez que empiezas, es más fácil seguir haciéndolas. (estudio)

El problema es que muchas de las cosas que deberíamos hacer para vivir bien no son lo suficientemente motivadoras por sí mismas.

Pensamos que un esfuerzo completo será agotador, que debemos ahorrar nuestra energía para cuando realmente la necesitemos. Sin embargo, la mayoría de las veces, ocurre lo contrario. Cuando realmente utilizamos todo nuestro esfuerzo hacia una preocupación central que nos importa profundamente, nos sentimos más energizados, no menos.

La paradoja es que la vida es a menudo más fácil cuando es más difícil. Y para ello, debes sentir tus acciones como un reto.

9. Emplear la emoción

Nuestros estados internos, al igual que nuestras emociones, son también muy importantes.

Ten en cuenta que tu deseo por cambiar tus hábitos (motivación) es la diferencia entre el punto en el que te encuentras y el punto donde quieres estar en el futuro (lo que se conoce como «gradiente»).

Por ello, hasta la conducta más insignificante está bajo la motivación de sentir algo diferente. 

No quieres redes sociales, comida basura, un cigarro o perder el tiempo en Youtube. Quieres sentirte de forma distinta. Pero a veces, tu cerebro confunde las acciones para sentirse de forma diferente.

Toda motivación es un deseo de escapar de la incomodidad. Si un comportamiento fue previamente efectivo para proporcionar alivio, es probable que continuemos usándolo como una herramienta para escapar de la incomodidad.

Tu cerebro usa la emoción como un proceso que valora el significado de estímulos relevantes que da lugar a una motivación para incentivar conductas.

La motivación nace como una priorización de los distintos objetivos que se le plantean al sistema nervioso:

  • Si no hemos bebido en dos días, puedes estar seguros que tu motivación será la sed y el resto puede esperar. 
  • A veces trabajar la ansiedad puede ser lo que una persona necesita para que surja la «motivación» concreta que busca, rompiendo refuerzos que hacen rígida su conducta.

Es un conocimiento cíclico, y requiere habilidad más que el concepto de motivación que alguien quiera contarte. Hay que saber jugar dentro de tu propia inercia (genes, rasgos y aprendizajes durante la vida) del mismo modo que se surfean las olas en vez de enfrentarse a ellas. Ten en cuenta que motivación y emoción son dos caras de la misma moneda.

10. Hacerlo consciente

Las personas que hacen un plan específico que determina cuándo y dónde van a realizar un nuevo hábito tienen más probabilidades de hacerlo con éxito. (estudio) Las intenciones de implementación son efectivas para apegarnos a nuestras metas. (estudio, estudio, estudio)

Muchas personas sienten que les falta motivación cuando en realidad lo que les falta es claridad. No pases tu vida esperando el momento perfecto. Al contrario, se específico: apunta dónde y cuándo vas a empezar a realizar pequeñas acciones.

El deseo de una persona para llevar a cabo una determinada conducta (empezar en el gimnasio en Año Nuevo) y, por otro lado, el deseo de su resultado (llegar al verano con un mejor físico) contribuyen a motivar que se adopte, o no, ese comportamiento.

11. Empezar a simplificar

El ser específico, acerca de lo que quieres y cómo vas a obtenerlo, te ayuda a mantener el progreso. (estudio)

Es más fácil tomar acción y construir un hábito cuando encaja en el flujo de tu vida cotidiana. A menudo tratamos de empezar a tomar acción a través de hábitos donde existe tensión:

  • Tratar de seguir una dieta muy estricta.
  • Tratar de escribir un libro en algún lugar caótico lleno de ruido.
  • Tratar de estudiar un examen con el móvil encendido mientras hablamos con compañeros.

Algunas personas parecen desmotivadas porque están abrumadas por la tarea. Para ello, debes eliminar los puntos de tension y simplificar. Reducir un problema más grande a piezas más pequeñas te permite prestar mejor atención y sentir mayor realización al terminar.

Cuanto más pequeño sea el paso, mayor será la posibilidad de que lo des.

12. Evitar distracciones

Sabemos que nuestra capacidad de atención es limitada, que fluctúa a lo largo del día y que algunas actividades necesitan más atención que otras. Todo lo percibimos e integramos en un mismo sistema (estímulos, pensamientos, imaginación…) que selecciona una acción.

Por ello, de la misma manera que no puedes caminar por la calle mientras miras fijamente algo en el cielo, tampoco puedes desviar tu atención a miles de estímulos al mismo tiempo. Tu placer inconsciente usurpa tu concentración al servicio de pensamientos, acciones o fantasías que alivian la incomodidad que estás sintiendo.

Muchas personas están inundadas de incomodidades y estímulos en el día a día que no pueden dejar de presentar atención porque las sienten corporalmente.

Por lo tanto, antes las distracciones y la multitarea puedes tomar conciencia de si tu comportamiento está motivado por aliviar el descontento o aumentar el placer (aburrimiento o estrés en el trabajo y el estudio).

Conclusiones

Nos gusta la motivación porque es un estado donde activamos nuestro sistema de recompensa. Pero la motivación crece haciendo cosas, no pensando, y para eso se necesitan estrategias.

Da pequeños pasos cada día para ver tu progreso y transformar tu identidad. Muchas veces queremos hacer las cosas como heroes o hacerlas del tirón porque sabemos el esfuerzo que cuesta el día a día.

La motivación es algo que haces, no algo que te pasa. ¿Quieres tener motivación? Adelanta los beneficios que obtendrás de hacer algo y póntelo fácil inicialmente. Deja de esperar a que «surja» la motivación y empieza a cultivarla tú mismo trabajando tu propia psicología y tomando acción.

Tu problema no es fallar, tu problema es pensar que si no puedes hacer algo de forma perfecta, entonces no deberías hacerlo.

Una pequeña acción, bien dirigida, es mucho más valiosa que mucha motivación.

¡Te espero en los comentarios!

Categories: Motivación

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Jose

Me gustan mucho las estrategias que propones. La verdad es que muchas veces lo que ocurre es que no sabemos cómo interpretar y actuar con nuestros pensamientos y sentimientos para dirigir nuestras acciones de la manera correcta. Muchas gracias 😉