El cerebro humano es una máquina de alta complejidad, capaz de actuar de forma flexible en entornos cambiantes basándose en la predicción del entorno. Gracias a este cerebro, nuestra mente crea los pensamientos, recuerdos, sentimientos, sueños… Ahora, ¿existe un límite a lo que esta máquina puede lograr? ¿Dentro de mil años, seremos capaces de aprender mucho más que en la actualidad?

Una máquina poderosa

Si intentamos cuantificar la capacidad de nuestra memoria, debe tener alguna base fisiológica.

Una forma de medir la capacidad de almacenamiento sería asignar a las, aproximadamente 100.000 millones de neuronas que componen nuestro cerebro, una unidad de memoria. Sin embargo, sabemos que de esos sólo unos mil millones desempeñan funciones en el almacenamiento de la memoria a largo plazo: son las llamadas células piramidales.

En este video puedes ver las neuronas en verde, y los puntos multicolor que representan las sinapsis.

Sin embargo, asumir que podemos tener tantos recuerdos como neuronas haría que la memoria se llenara pronto, lo que entra en contradicción con nuestra propia experiencia. El almacenamiento del cerebro funciona de forma exponencial, donde las neuronas se juntan en redes, luego en grupos y así, van creando una arquitectura compleja como miles de lineas de tren entrelazadas.

Si hacemos números, el cerebro humano tiene unos 100.000 millones de neuronas y cada neurona se conecta a otras 7.000 más, eso son unas 200.000.000.000 de bits de información transmitidos cada segundo dentro del cerebro. (estudio, estudio) ¿En qué se traduce? Este almacenamiento es superior a unos 74 Terabytes (hablando sólo de la corteza cerebral). Una cifra demasiado elevada para poder visualizarla con claridad…

Si ponemos en perspectiva la capacidad de almacenamiento de información del cerebro, por ejemplo, el ordenador de la primera nave espacial Apollo que aterrizó en la Luna tenía un sistema operativo con sólo 64 kilobytes (64 KB) de capacidad de almacenamiento de memoria. Hoy en día, un smartphone cualquiera (16-128 GB) está literalmente a años luz del ordenador que guiaba y controlaba aquella nave espacial, y al mismo tiempo muy por debajo de la memoria humana.

Imagen: Ingenieros de la NASA usando los sistemas más avanzados de IBM

Aun así, la capacidad de almacenamiento del cerebro es difícil de calcular de manera exacta. Primero, no hay una forma fiable de medir el tamaño de una memoria. Segundo, al tener una memoria reconstructiva, diferente a la de un ordenador, aquellos recuerdos con más detalles son los que ocupan más espacio. Tercero, hay recuerdos que el cerebro olvida para optimizar el espacio.

Solo sabemos que nuestro cerebro parece que funciona como una máquina muy poderosa capaz de almacenar todo el conocimiento de la humanidad. Aunque debe haber un límite físico a la cantidad de recuerdos que podemos almacenar, es tan grande que no tenemos que preocuparnos por quedarnos sin espacio a lo largo de nuestra vida.

El cerebro es una máquina impresionante, pero sus limitaciones no son de espacio de almacenamiento.

Las verdaderas limitaciones de la memoria

El cerebro limita nuestro acceso a los recuerdos. Y aquí reside la verdadera limitación.

Primero, para obtener información, tenemos que centrar nuestra atención en lo que queremos aprender. Una capacidad limitada, más todavía cuando caemos en la multitarea. Hay muchas cosas que se pueden aprender y estudiar, pero la capacidad para atender a la nueva información es la que actúa siempre como cuello de botella. De hecho, hay una máxima que siempre se cumple: «una atención limitada conlleva una información limitada«. 

Segundo, la memoria depende de la formación de nuevas conexiones neuronales y, como ya hemos visto, tenemos un número limitado de ellas. Cuando envejecemos, a nuestro cerebro le resulta más difícil crear nuevas conexiones, y las existentes se sobrecargan con varios recuerdos.

Y por último, para utilizar eficazmente la información para formar una comprensión profunda, hay que practicar. Y, de nuevo, como no tenemos tiempo ilimitado para practicar todo lo que queremos aprender, hay un límite tangible de nuestra comprensión del mundo.

Memorias extraordinarias 

Dicho esto, algunos seres humanos muestran una capacidad extraordinaria para aprender y recordar información como los casos de hipermnesia o memoria autobiográfica altamente superior (estudio)  como es el caso de Solomon Shereshevsky, Daniel Tammet o Brad Williams (llamado “el Google humano”). Sin embargo, estas personas que recuerdan con tanta resolución dicen que su poca capacidad de olvidar es un tormento. Parece que se debe a la sustancia blanca hiperconectada de sus cerebros. (estudio)

Como ya sabemos, olvidar supone no solo un aspecto inherente al funcionamiento normal de la memoria, sino un objetivo deseable en muchas ocasiones.

Por otro lado, hay otras personas con memorias extraordinarias, no por su capacidad genética, sino por sus conocimientos y técnicas para usar su memoria y entrenarla. Por ejemplo, los campeones de la memoria utilizan técnicas como el palacio mental, reglas mnemotécnicas para crear asociaciones entre los elementos, o descomponer y agrupar piezas individuales de información para crear nuevos recuerdos.

Muchos de ellos han aprendido a expandir sus límites con una mejor comprensión del cerebro. Ellos sabe que, cuando más elaborada y significativa es una información, mayor probabilidad de encontrarla en la memoria. Y todas sus técnicas para alcanzar records, se basan en esto.

Así que, en teoría, podríamos ampliar infinitamente nuestros conocimientos vinculando los nuevos trozos de información con los conocimientos anteriores. Pero, la cuestión es que necesitas tener acceso a los conocimientos previos y ser capaz de dar un significado relevante a la nueva información que intentas recordar. Necesitas recordar cosas anteriores para memorizar cosas nuevas. Incluso alcanzando una memoria extraordinaria, es como una pescadilla que se muerde la cola.

Cómo expandir los límites de la memoria

Una publicación de mi Instagram 🙂

Ahora sabemos que el cerebro tiene limitaciones de atención, multitarea y procesamiento de la información. Sin embargo, nuestra esperanza reside en el desarrollo de la tecnología: como los avances en neuroimagen, las interfaces para conectar el cerebro a los computadores o incluso las matemáticas. La tecnología nos permite ampliar el sustrato sobre el que construimos nuestra memoria.

Si volvemos a nuestros orígenes, algo parecido a lo que sucede con la música, el lenguaje es una tecnología ancestral que nos ha permitido guardar la información en recipientes más seguros que nuestro cerebro (el imaginario colectivo, las pinturas rupestres, la escritura…). De hecho, cada vez que escribes una nota estás expandiendo tu mente al multiplicar la capacidad de tu cerebro para recordar información, asignarle un significado, comprenderla y establecer nuevas conexiones.

Aunque ya no pintamos en cuevas, hoy en día, podemos guardar y recordar nuestras notas e ideas gracias a la tecnología. Existen espacios únicos y centralizados para tomar notas, conectar estas piezas de información mediante enlaces y resúmenes, y compartir conocimiento con el mundo. Hay apps que funcionan como «tu segundo cerebro«, como Roam, Obsidian, Bear, Google Keep y muchas otras.

A la espera de tecnologías para conectar nuestro cerebro físicamente a un ordenador, en la medida que aprendas a usar estas herramientas, podrás eliminar los límites de tu memoria.

Nuestra especie ha dependido de la creatividad, memoria e innovación de cada individuo puesto al servicio de la humanidad. El conocimiento jamas ha sido producto de un solo cerebro. El conocimiento es adquirido y compartido por unos, y luego enriquecido por otros. Hoy más que nunca podemos conectar todas nuestras mentes y compartir el conocimiento sin ninguna limitación.

Es preciso sacudir enérgicamente el bosque de las neuronas cerebrales adormecidas; es menester hacerlas vibrar con la emoción de lo nuevo e infundirles nobles y elevadas inquietudes” – Ramón y Cajal