“Todo en la vida es memoria salvo el delgado filo del presente.”

Michel Gazzaniga

Todos sabemos que la memoria no funciona a nuestra voluntad. Sin embargo, gracias a ella percibimos, hablamos, nos emocionamos, sentimos, planificamos, etc. La memoria determina nuestras decisiones y nuestra identidad. La memoria es lo que nos hace humanos.

Daniel Schacter, profesor de Psicología en la Universidad de Harvard, en su libro “Los siete pecados de la memoria” explica cómo los mismos mecanismos que hacen de nuestra memoria algo increíble, son también los que nos hacen susceptibles de olvidar o distorsionar los recuerdos. Es decir, nuestra memoria tiende a caer en siete errores por su forma de funcionar. Evitar estos pecados del olvido es posible si utilizamos un conjunto de estrategias de manera deliberada. Si te preguntas: ¿Cuáles son estos «pecados» exactamente y cómo podemos aprender a identificarlos y evitarlos? En este artículo aprenderás a solucionar estos desajustes de la memoria.

Pero, antes de comenzar a buscar respuestas, conviene desechar la concepción tradicional de la memoria como una especie de grabación de datos. No, nuestra memoria no es un disco duro que recoge nuestras experiencias.

Por qué tenemos diferentes memorias

Para empezar, pocas personas saben que contamos con distintos tipos de memoria que nos permiten llevar a cabo aprendizajes diferentes, así como manipular la información de diversas maneras. La memoria no es una única destreza, sino un conjunto de ellas que depende de procesos y estructuras neuronales distintas. No hay una memoria, sino varios sistemas de memoria.

Por ello, los sistemas neuronales implicados en el aprendizaje y la memorización de las matemáticas, por ejemplo, son diferentes de los que permiten adquirir un nuevo idioma.

Además, la memoria es un producto de la evolución. Es la capacidad de nuestro cerebro para modificarse como consecuencia de todas nuestras experiencias y acciones. Gracias a ella, el sistema nervioso adapta sus respuestas ante situaciones similares que se producen en el futuro.

Sabemos que hay dos tipos principales de memoria a largo plazo. Una que llamamos memoria declarativa y nos da la capacidad de retener y recuperar la información que obtenemos a través de nuestros sentidos de dos formas: relativa a los acontecimientos de nuestra vida (memoria autobiográfica) o a conocimientos del mundo que nos rodea (memoria semántica). Y por otra parte, la memoria procedimental es la que interviene cuando aprendemos una habilidad, ya sea motora (como montar en bicicleta) y/o cognitiva (como leer).

Lo negativo es que estos avanzados sistemas de memoria manifiestan problemas de diseño cuando los exponemos a un modo de vida con demandas muy diferentes a la de nuestros ancestros. Pasar horas en la oficina contestando correos, sin movernos o estudiando largos planes de estudio que memorizar, es muy distinto que aprender rutas de caza, obtener conocimientos sobre peligros, vivir en tribus, etc.

Nuestra memoria ha evolucionado para ser eficiente y práctica. Pero cuando se enfrenta a demandas para las que no está preparada, es cuando se manifiestan sus «fallos»: lapsus de memoria, tener palabras en la punta de la lengua, inventarnos recuerdos, etc. Estos pecados son frecuentes, pero no son un signo de patología. Vamos a ver las peculiaridades que definen su funcionamiento.

Breve explicación sobre el funcionamiento de la memoria

Primero, la memoria tiene unos sistemas a corto plazo que manipulan la información durante unos segundos. Gracias a la atención, seleccionamos que información entra y se mantiene en esta memoria de corto plazo en cada momento. Así, los esquemas o conexiones que creamos durante una experiencia constituyen el sustrato sobre el que conectamos la nueva información después. Cuanto mayor sea la atención y concentración al codificar la información, más sólida será la huella que deja en nuestra memoria.

Segundo, cuanto más extensos sean los esquemas o creados, mayor cantidad de conexiones podremos establecer con la nueva información. Es decir, más afianzada quedará esta en nuestra memoria. (estudio, estudio) La memoria no se guarda en compartimentos, sino que depende de la capacidad del hipocampo de reconstruir los recuerdos recogiendo los fragmentos de información de los diferentes lugares donde ha dejado huella.

Es decir, para activar muchos conocimientos a la vez, es necesario que estos estén muy bien conectados.

La recreación de los recuerdos es un proceso de reconstrucción de elementos en el hipocampo

Tercero, la memoria humana no guarda toda la información que recibe al pie de la letra. Ante cualquier experiencia que genere un recuerdo, la memoria solo conserva algunos elementos y, cuando necesita recuperar el recuerdo de la experiencia, combina dichos fragmentos con otros que ya tenía guardados para reconstruir el recuerdo completo. En efecto, cualquiera de nuestros recuerdos es una mezcla de datos que realmente se obtuvieron durante la experiencia que deseamos recordar y de detalles que proceden de otras experiencias, tanto previas como posteriores. En definitiva, nuestra memoria no es reproductiva como la de un disco duro, sino reconstructiva.

Estas características de la memoria hacen que su eficacia para guardar nueva información dependa de la información que ya tenemos. El aprendizaje se produce por la vinculación de la nueva información a conocimientos que ya tenemos. Imagina tu memoria como un jardín mental, cuanto mayor sea la calidad y el cuidado de la tierra, más rápido crecerán los frutos de lo que plantemos.

Visto todo esto, la causa principal de los pecados del olvido no reside en el hecho de que las cosas que aprendimos en el pasado se desvanezcan de nuestra memoria, sino más bien dos cosas:

  1. Somos incapaces de encontrar la información en la memoria para evocarla,
  2. No hemos codificado bien la información en nuestros esquemas de memoria.

Ahora sí, vamos a ver los 7 pecados de la memoria.

Los 3 pecados omisión y 4 pecados de comisión

Hay hasta siete bugs de la memoria que se están investigando. Daniel Schacter categoriza los primeros tres como “pecados de omisión” que involucran olvido, y los últimos cuatro como “pecados de comisión” que involucran un recuerdo distorsionado. (detalle) Como ocurre con muchos sesgos cognitivos, el primer paso para evitarlos es ser más consciente de que existen y cómo funcionan.

1. Memoria fugaz

Este pecado se basa en el deterioro de la memoria con el paso del tiempo. El libro de Daniel Schacter empieza contando un ejemplo de un estudio que analizó cómo recordaban los estudiantes universitarios el veredicto de un juicio. Al cabo de tres años, menos del 30% recordaban con exactitud lo que había pasado y casi el 50% había distorsionado el recuerdo. El tiempo y el envejecimiento actúan silenciosamente sobre nuestros recuerdos si los dejamos de utilizar. (estudio)

2. Distracción

Seguro que alguna vez has olvidado dónde has puesto las gafas o las llaves al salir de casa. Sufrimos lapsos de atención cuando nuestra mente pone el piloto automático o estamos cansados. Las distracciones interfieren tanto en la fase de codificación (cuando se forma un recuerdo), como en la fase de recuperación (cuando se accede a un recuerdo). Por ello, la multitarea de las actividades más rutinarias impide forzosamente el registro de la información. (estudio)

3. Bloqueo

La inaccesibilidad temporal a la información almacenada es el tercer pecado de nuestra memoria, lo que solemos llamar como: “lo tengo en la punta de la lengua”. Explica Schacter, que el bloqueo se puede producir cuando el cerebro intenta recuperar la información, pero otro recuerdo interfiere en ella. Sentimos la evocación, pero la reconstrucción del recuerdo en el hipocampo está bloqueada. (estudio, estudio) Parece que cuanto mayor tiempo pasamos en este estado, menor es la probabilidad de evocar debido a un aprendizaje fallido. (estudio, estudio)

4. Atribución errónea

A partir de aquí, los pecados suceden en situaciones en las que existe algun fragmento en la memoria, pero distorsionamos el tiempo, lugar o las personas involucradas. La atribución errónea es el recuerdo correcto de una información, combinado con el recuerdo incorrecto de la fuente de esa información. Sabemos que la gente puede llegar a recordar falsamente hechos que nunca ocurrieron. (estudio)

5. Sugestibilidad

Nuestra memoria también es vulnerable de la manipulación de otras personas. La duda o el engaño puede distorsionar nuestros recuerdos. (estudio) La sugestionabilidad es un campo de investigación importante en los sistemas jurídicos, ya que puede dar lugar a falsos recuerdos y falsas confesiones. 

6. Memoria sesgada

Además, nuestra memoria puede verse distorsionada por nuestros conocimientos, creencias y/o sentimientos. Sabemos que los recuerdos codificados con ciertas emociones se recuerdan más fácilmente si actualmente sentimos una emoción similar. (estudio) Una representación sesgada de un accidente o un período de nuestras vidas, dice más sobre cómo nos sentimos ahora que sobre lo que sucedió en ese momento.

7. Persistencia

El pecado más dañino es la persistencia de un recuerdo que nos resulta molesto (una experiencia traumática), algo que puede traducirse en el desarrollo de miedos y fobias. (estudio)

Cómo poner solución a los pecados de la memoria

Los siete «pecados» de la memoria no deben verse como fallos, sino más bien como consecuencias de los mecanismos que hacen funcionar nuestra increíble memoria. Los mecanismos cerebrales que explican los pecados de la memoria también explican sus puntos fuertes.

Por suerte, existen formas de gestionar cada uno de los aspectos más negativos de los siete pecados de la memoria. (detalle) Estas son las llamadas “siete penitencias de la memoria”:

  • Para evitar la memoria fugaz, añade información rápidamente después de un evento, cuando tu memoria está más fresca. Pensar sobre experiencia diarias es uno de los mejores medios para retenerlas. Ten en cuenta que olvidar es frustrante pero le permite al cerebro rechazar información que no usa.
  • Para evitar la distractibilidad, utiliza una lista de prioridades o tareas que te permitan centrar tu atención durante el día, y evitar hacer malabares con tu memoria de trabajo.
  • Para los bloqueos, toma notas de las cosas importantes: para la lista de la compra, en reuniones, sobre un libro que estés leyendo, atendiendo a una clase… La mejor forma de evitar los bloqueos es mediante aprendizajes con atención.
  • Para evitar la atribución errónea, registra eventos e hitos importantes cada día. Se puede atenuar si se educa a la gente a recordar las cosas por eventos específicos y no por contextos generales.
  • Para evitar la sugestibilidad, hazte preguntas de forma neutral cuando quieres evocar información y validar tus recuerdos: ¿Estoy asumiendo algo?, ¿Estoy vinculando dos hechos sin fijarse independientemente en cada uno?, ¿Estoy asumiendo alguna relación de causa-efecto?
  • Para evitar los sesgos,  intenta entender primero la perspectiva de quien te que proporciona la información, o bien, intenta entenderte en 3ª persona.
  • Para evitar la persistencia, comprende y reconoce los síntomas del estrés postraumático. Comparte tu experiencia con alguien o busca ayuda profesional.

Como ocurre con la mayoría de los sesgos de memoria, lamentablemente es imposible eliminarlos por completo, pero podemos aplicar estas sencillas estrategias para mitigar algunos de sus efectos. La memoria es un complejo y frágil proceso cerebral que construye, almacena y recupera recuerdos en constante evolución.

Como ejercicio, te recomiendo revisar la lista de estos siete pecados de la memoria y escribir un ejemplo de tu propia experiencia para cada uno de ellos. Vincular cada pecado con un ejemplo concreto te hará más consciente de ellos la próxima vez 🙂