«Mucho de lo que lees sobre el cerebro está plagado de mitos o ficción, o simplemente ciencia obsoleta»

Lisa Feldman Barrett

Desde la antigüedad, los grandes pensadores han considerado al ser humano como un animal racional.

Desde la religión o la filosofía, hemos tratado las emociones no solo como algo ajeno a la razón, sino como algo que interfiere en su funcionamiento.

Sin embargo, ninguna investigación ha logrado distinguir la emoción y la racionalidad, ya que están profundamente entrelazadas en la estructura de nuestro cerebro y en el funcionamiento de nuestra mente.

Como ya intuyó Darwin, uno de los precursores de la neurociencia afectiva, si las emociones están ahí es porque cumplen una función positiva en nuestra supervivencia como especie.

El propósito de este artículo es hacer una reivindicación de las emociones.

  1. El modelo triuno del cerebro de Paul MacLean: ¿Un marco útil o inexacto?
  2. Nuestros cerebros no evolucionaron de los lagartos
  3. Las emociones no están precableadas
  4. Desentrañando los ingredientes de las emociones
  5. Domar nuestras emociones a través de las palabras
  6. Cómo construir una vida emocional más rica y consciente
  7. Cognición y emoción

El modelo triuno del cerebro de Paul MacLean: ¿Un marco útil o inexacto?

Para ponernos en situación, en la década de 1970, el neurólogo Paul MacLean propuso un modelo del cerebro conocido como el «cerebro triuno», basado en estudios de anatomía.

Carl Sagan popularizó esta forma de pensar en su libro The Dragons of Eden, publicado en 1977.

Según MacLean, el cerebro se compone de tres partes fundamentales:

  1. Cerebro reptiliano: encargado de funciones básicas y fisiológicas que compartimos con los reptiles.
  2. Cerebro paleomamífero (sistema límbico): responsable de codificar la información a un nivel socioafectivo.
  3. Cerebro neomamífero: relacionado con la consciencia, la planificación y otros procesos cognitivos superiores.

El cerebro reptiliano es el neuromito que más probabilidades tienes de encontrar en cualquier conversación de coaching, educación o neuromarketing.

Algunos psicoterapeutas encuentran atractivo el modelo porque parece ofrecer una base biológica para la teoría de la personalidad de Freud.

Otros lo utilizan para explicar cómo las emociones pueden dominar el pensamiento racional o la lógica en situaciones de estrés o conflicto.

Este modelo es interesante para muchas personas desde el punto de vista pedagógico, pero es inexacto.

  • Por ejemplo, MacLean originalmente etiquetó a los ganglios basales como parte del cerebro reptiliano, pero actualmente se consideran parte de todo el cerebro excepto la corteza.
  • Además, diferentes fuentes etiquetan al «cerebro reptiliano» de manera inconsistente, incluyendo estructuras como el tronco encefálico, el cerebelo, el hipotálamo, la amígdala y, en algunos casos, el tálamo.

Esta teoría proporciona una explicación aparentemente simple para cosas complejas, lo cual es atractivo.

Pero no es un enfoque preciso para describir la organización y funcionamiento del cerebro humano.

Nuestros cerebros no evolucionaron de los lagartos

Desde la perspectiva de la evolución, hay tres problemas principales con el modelo del cerebro triuno:

La evolución no es lineal: este modelo sugiere una progresión lineal de la evolución en la que un organismo evoluciona hacia el siguiente, siguiendo la secuencia lagartos > ratones > monos > humanos.

Si la evolución fuera lineal, esperaríamos ver un pez transformándose en anfibio, luego en reptil, mamífero, homínido y finalmente en humano. Sin embargo, esta secuencia lineal no se refleja en la organización del sistema nervioso.

La corteza cerebral no es exclusiva de los mamíferos: Contrariamente a lo que sugiere el modelo del cerebro triuno, la corteza cerebral no es exclusiva de los mamíferos.

De hecho, reptiles, peces y aves también poseen una corteza cerebral, lo que demuestra que este componente cerebral no es específico de un grupo taxonómico en particular.

Este vídeo ejemplifica a la perfección comportamientos complejos de otras especies.

El cerebro no evolucionó con capas adicionales: este modelo asume que cada paso en la evolución añade características nuevas que aumentan la complejidad de las respuestas del cerebro. 

Sin embargo, las estructuras límbicas y corticales ya existen en vertebrados no mamíferos, aves o peces muestran comportamientos sociales, y las abejas muestran aprendizajes complejos por recompensas.

Por ejemplo, la distinción entre el cerebro humano y el de un chimpancé no se basa tanto en una capa de corteza más evolucionada, sino en las diferencias en la conexión de las neuronas.

Las emociones no están precableadas

Por otro lado, la analogía del cerebro reptiliano pierde validez viendo los avances en la neurobiología de las emociones (detalle).

  • La «visión clásica» de las emociones como instintos cableados que se desencadenan automáticamente ante estímulos específicos y se asocian a expresiones faciales y sensaciones físicas particulares ya no es respaldada por la mayoría de los neurocientíficos.
  • En su lugar, la evidencia actual apoya la teoría de la «emoción construida» que sostiene cómo las emociones no están preprogramadas en nuestro cerebro, sino que se construyen en el momento mediante el procesamiento de diferentes «ingredientes» por redes cerebrales completas, dando lugar a sentimientos experimentados conscientemente (estudio).

En realidad, nuestro cerebro evalúa rápidamente lo que sucede a nuestro alrededor antes de que sepamos lo que significa. Y las emociones actúan como filtros que nos ayudan a entender lo que percibimos.

En este sentido, las emociones son utilizadas por nuestro cerebro y cuerpo para protegernos y cambiar cómo pensamos sobre nuestras experiencias.

Gracias a nuestras emociones, nuestro estado de ánimo nos ayuda a decidir si enfrentamos o evitamos situaciones, dependiendo de cómo nos sentimos sobre lo que está pasando a nuestro alrededor.

«Una emoción es la creación de tu cerebro de lo que significan tus sensaciones corporales, en relación con lo que sucede a tu alrededor en el mundo»

Lisa Feldman Barrett

Por ejemplo, si nuestras inversiones no van bien, podemos sentirnos tristes, cansados o preocupados, lo que nos hace menos propensos a seguir invirtiendo en esa dirección.

Tenemos un cerebro que entiende automáticamente cómo van las cosas y nos muestra emociones para influir en nuestras decisiones.

Con una diferencia respecto a otras especies. A cada paso evolutivo, mayor complejidad y consciencia.

Bordallo. A – ICNS

Desentrañando los ingredientes de las emociones

Joseph LeDoux ha estudiado el miedo durante mucho tiempo y piensa que las emociones como el miedo y la ansiedad no vienen de un lugar específico del cerebro.

Nuestro cerebro tiene regiones que nos ayudan a reaccionar rápido ante peligros, como la amígdala y el hipotálamo. Pero también aprendemos, recordamos y usamos la cultura para sentir miedo y ansiedad.

Hay una parte del cerebro relacionada con la «lucha o huida», pero en realidad, su función es ayudarnos a lidiar con situaciones que requieren energía en general.

Para ilustrar este punto, pensemos en un león, un antílope y un atleta. Todos ellos experimentan la activación del SNS al enfrentarse a sus desafíos particulares: el león cazando al antílope, el antílope escapando del león y el atleta corriendo una carrera de 400 metros. Sin embargo, atribuimos el ‘miedo’ solo al antílope, aunque el mismo ingrediente fisiológico (activación del SNS) esté involucrado en todos los casos.

No hay un «circuito del miedo» en el cerebro de un lagarto, como algunos creen. Podemos sentirnos asustados por muchas cosas, desde animales peligrosos hasta problemas en el país y temores sobre la vida.

Hay muchos ingredientes que producen las emociones: sensaciones fisiológicas, situaciones, interacciones sociales, recuerdos y experiencias personales, incluso el lenguaje que utilizamos para describir nuestros sentimientos conscientes.

Domar nuestras emociones a través de las palabras

Por otro lado, la capacidad de reconocer y desarrollar un vocabulario emocional es fundamental para analizar y reflexionar sobre nuestros patrones emocionales.

Nuestras emociones no son depósitos preestablecidos en el cerebro, sino conceptos que aprendemos a lo largo de nuestras vidas.

Los niños pequeños, por ejemplo, carecen de un vocabulario emocional específico. Un niño de tres años que ve a su hermano mayor disfrutar de un helado puede sentirse simplemente triste. Sin embargo, un niño de 13 años, con una década de experiencia y un vocabulario más amplio, podría experimentar algo parecido a una leve envidia al descubrir que su hermano recibió el helado como premio por ganar un concurso.

Aprender nuevas palabras y expresiones emocionales no se limita a la infancia; enriquecer nuestro vocabulario emocional a lo largo de nuestras vidas nos permite reconocer y experimentar una gama más amplia de emociones.

Este aprendizaje puede ocurrir, por ejemplo, al adquirir un nuevo idioma y sus expresiones únicas. Por ejemplo:

  • «desbundar» en portugués, significa despojarse de las inhibiciones para divertirse.
  • «natsukashii» en japonés, significa algo así como un anhelo nostálgico por el pasado mezclado con felicidad por el recuerdo.
  • «yuan bei» en chino, significa una sensación de logro completo y perfecto.

Incrementar nuestra «granularidad emocional» mediante el aprendizaje de nuevas palabras y expresiones puede influir en nuestras futuras experiencias emocionales de forma positiva (estudio).

  • Las personas con una gran habilidad para diferenciar emociones pueden describir sus sentimientos con detalle y precisión en diferentes situaciones, usando palabras específicas para cada emoción, como la ira, nerviosismo, vergüenza, culpa y arrepentimiento.
  • Por otro lado, las personas con poca habilidad para diferenciar emociones usan las mismas palabras para describir sus sentimientos, pero solo para expresar algunas emociones generales. Por ejemplo, pueden decir que están enfadados, tristes o asustados para describir una situación desagradable, y emocionados, felices o tranquilos para describir una situación agradable.

Las personas que identifican mejor sus emociones negativas suelen beber un 40% menos cuando están estresadas y tienen entre un 20% y 50% menos de probabilidad de reaccionar agresivamente hacia alguien que les ha hecho daño (estudio, estudio).

Las personas que describen y diferencian bien sus emociones muestran menos actividad cerebral en áreas relacionadas con el dolor al enfrentar el rechazo. Hay estudios que muestran que quienes padecen depresión y ansiedad social tienen menor diferenciación emocional.

Hay evidencia de que enseñar a las personas a diferenciar emociones y usar un vocabulario emocional más amplio puede ser útil. Aquellos con miedo a las arañas que aprendieron a diferenciar emociones experimentaron menos ansiedad y evitación conductual. También mostraron menos excitación al enfrentarse a arañas una semana después (estudio).

Entrenar a alguien en diferenciación emocional también ayuda a resistir sesgos emocionales en juicios morales (estudio).

Enseñar a los niños a usar palabras de emoción mejora su comportamiento social y rendimiento académico. Las aulas que aplican esta enseñanza también son mejor organizadas y ofrecen un mejor apoyo educativo a los estudiantes (estudio).

Este enriquecimiento del vocabulario emocional funciona como un diccionario de sinónimos para el bienestar mental, otorgándonos un mayor sentido de agencia sobre las situaciones y respuestas que experimentamos.

Nuestras emociones son mucho más maleables y adaptables de lo que la teoría del cerebro reptiliano nos llevaría a creer.

A más precisión para nombrar lo que sentimos, más adaptación emocional ante la vida.

Cómo construir una vida emocional más rica y consciente

La inteligencia emocional nos permite comprender y gestionar nuestras emociones y las de los demás. Tradicionalmente, se basa en la idea de que las emociones surgen automáticamente y pueden ser controladas, y que podemos detectar las emociones ajenas a través de sus expresiones faciales y corporales.

Sin embargo, Lisa Feldman Barrett está liderando un cambio de paradigma en la comprensión de las emociones, desafiando estas creencias. Sus investigaciones sugieren que no existe una expresión única para cada emoción y que las emociones varían según la situación.

Tener más control sobre nuestras emociones implica mayor responsabilidad. La inteligencia emocional requiere un cerebro que haga predicciones flexibles y precisas, usando un amplio rango de emociones y experiencias pasadas.

En lugar de considerar las emociones como respuestas automáticas, es esencial reconocer que las emociones son construcciones basadas en diversos ingredientes, como nuestras sensaciones corporales, experiencias de vida, situaciones actuales y relaciones interpersonales.

Para desarrollar una vida emocional más rica y consciente, ten en cuenta estos consejos:

  • Reflexiona sobre los ingredientes que contribuyen a las emociones que experimentas.
  • Recuerda que eres el arquitecto de tus emociones, pensamientos y comportamientos.
  • Las emociones no son reacciones pasivas al mundo, sino construcciones activas basadas en la información sensorial y la experiencia pasada.
  • Visualiza emociones útiles antes de enfrentarte a situaciones específicas, al igual que los actores ensayan sus respuestas emocionales en un escenario.
  • Evite preocuparte repitiendo pensamientos negativos y practica pensamientos y emociones positivas.
  • Desarrolla tu «granularidad emocional» aprendiendo a nombrar y categorizar emociones de manera más precisa.
  • Explora los matices de tus emociones y encuentra palabras para describir esos matices.
  • Deconstruye las emociones, especialmente las sensaciones corporales.

Cognición y emoción

Es importante recordar que el significado de las emociones no es solo un aspecto cognitivo.

La palabra «emoción» deriva del latín moveo (‘mover’) con el añadido del prefijo e- (‘desde’), que nos revela cómo en toda emoción existe un impulso por actuar o moverse.

No existe una cognición separada de la emoción; ambas están interconectadas (detalle).

Las emociones y los pensamientos negativos están estrechamente relacionados: si uno siente emociones negativas, sus cogniciones y valoraciones serán negativas, y viceversa.

Nuestro cerebro percibe constantemente de manera ascendente y descendente. La función de las emociones no es solo generar felicidad, amor, predicciones precisas o recuerdos. Más bien, su propósito es producir comportamientos que beneficien a nuestros genes.

Hoy en día, la gente está más dispuesta a hablar de sus sentimientos, gracias a los libros de autoayuda y a que la terapia ya no se ve tan mal.

A pesar de que algunos piensan que los sentimientos son algo fijo en nuestro cerebro desde que nacemos, se basan más en lo que hemos vivido antes y en lo que nuestro cerebro cree que pasará en el futuro. Esto quiere decir que los sentimientos no son solo respuestas que se nos imponen, sino algo que ayudamos a crear.

Podemos cambiar cómo nuestro cerebro adivina lo que pasará en el futuro si hacemos cosas diferentes, como aprender algo nuevo, ver películas o hacer actividades que no forman parte de nuestra rutina. Al hacer esto, podemos cambiar cómo será nuestro yo del futuro.

En resumen, no podemos elegir, razonar o aprender sin emociones. Debemos dejarnos llevar más por la curiosidad emocional y ponernos en marcha en alguna dirección para conocernos mejor.


2 Comments

Paco · 19 noviembre, 2023 at 12:08 pm

El cerebro reptiliano rige la función fisiológica: es el que respira, come, procesa, desecha, todo de manera AUTONOMA. Se le llamó reptiliano por su forma parecida al cerebro de los reptiles. Nada más. Luego el neuromarketing pervirtió y vulgarizó el concepto, los conspiranoicos fantasearon con los reptilianos y a día de hoy es un concepto denostado por tanta falsa sobre información. Entiendo que ustec pretende desmontar el mito de esta absurda deriva. Pero el origen nada tiene de falso ni de mito, en todo caso es ciencia obsoleta 😉

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