Gran parte de nuestra conducta está condicionada por miles de mecanismos que funcionan sin que nos demos cuenta: aprendizajes neuronales a lo largo de la vida, rasgos de personalidad, el ambiente…

La buena noticia es que los seres humanos hemos desarrollado una consciencia que nos permite dirigir nuestra conducta y ser mejores cada día. Podemos estudiar nuestro comportamiento para mejorarnos día a día.

La consciencia es un estado mental, pero no se puede reducir solo al hecho de tener mente, sino como la usamos. Saber que somos nosotros, sentir que el cuerpo nos pertenece, reconocernos como individuos, hacia nos dirigimos en la vida, que sucederá mañana, seleccionar sabiamente lo que nos hace felices…

¿Podemos ampliar nuestra conciencia y aprovechar su potencial para ser mejores cada día?

Más allá de la consciencia

Después de tres mil quinientos millones de años de evolución, los sistemas nerviosos siguen en la Tierra así que deberán haber evolucionado, adaptándose cada vez mejor al ambiente.

Una consciencia cada vez mayor debió de ofrecer ventajas, ayudando a cada organismo a tomar mejores decisiones. Y poco a poco, los organismos fueron capaces de dirigir mejor su conducta.

Para el Dr. Derek Tracy, la diferencia mental entre los organismos vivos está en los grados de mentalización que han alcanzado. Es decir, la capacidad de comprender el estado mental de uno mismo o de los demás.

  • Existo: El primero comienza sabiendo que existes. Muchos organismos no son conscientes de su propia existencia. Podemos suponer que una bacteria no tiene este nivel de conciencia. Pero una araña, aunque no va más allá, sabe que existe porque detecta vibraciones en su red y decide si atacar y comerse a la presa. 
  • Existes y eres diferente a mi. Después, los organismos reconocen a otros y los diferencian de ellos mismos. Un gato o un perro saben que existen, pero también saben que tú existes. Y además, saben notar la diferencia entre un objeto inerte y otro animal vivo. 
  • Sé que sabes que existo. En el tercer orden de mentalización se encuentra la teoría de la mente con la que podemos imaginar que otro organismo piensa diferente a ti. Algunos científicos creen que no es un nivel exclusivo al Homo sapiens (estudio).
  • Sabes que te recordaré. El cuarto orden se vuelve más complejo. Se cree que solo accedieron a él los neandertales y ahora desde que somos niños al reconocer que los demás recordarán cosas de nosotros.
  • Y el quinto nivel va más allá, se trata de la metacognición. Es la capacidad de pensar sobre nuestro propio pensamiento, lo que ha dado origen a la cultura, el arte, la ciencia, la filosofía y la religión. No confundir con la introversión. La metacognición es un proceso de orden superior a la cognición, mientras que la introspección es un proceso de orden superior a la experiencia consciente (estudio). 

¿Cuál es el límite?

Aunque la neurociencia no entiende todavía el origen de esta consciencia, todo apunta a que la red neuronal por defecto (RDN) participa en ella.

Sabemos, por ejemplo, que las drogas psicodélicas reducen la activación de esta zona, y consiguen disolver la sensación de ego (estudio, estudio). Algo parecido experimentan los meditadores, deportistas o artistas cuando entran en estado de flow.

Pero no todo reside ahí.

La consciencia no es un todo o nada, sino que existe en distintos niveles del sistema nervioso y ha ido desarrollándose a lo largo de la evolución adquiriendo complejidad. Evoluciono con los sistema primitivos, anticipando respuestas de forma progresiva, hasta llegar a la consciencia humana relacionada con la RND, y con ello, la capacidad de recordar el pasado autobiográficamente y viajar a un futuro simbólico mientras mantenemos nuestra identidad. 

En resumen, la consciencia nos permite anticipar, ir mas allá de la experiencia perceptual próxima, y por tanto, adaptarnos con ventaja a los acontecimientos. 

Consejos para ser un humano óptimo

El Tao defina la consciencia así:

Si realmente quieres saber, empieza entonces a volverte más alerta, más atento. Vive conscientemente, aprende  sobre la consciencia, acumula consciencia. Conviértete en una gran llama de consciencia; entonces, cuando venga la muerte, serás capaz de observarla, serás capaz de verla y sabrás que – El cuerpo está muriendo, el ego está muriendo, pero yo no estoy muriendo porque soy el observador – Este observador es la esencia misma de la existencia.”

La consciencia es como un proceso que nos saca del modo automático de nuestro cerebro subcortical. Y la metaconsciencia es lo que nos permite ir un paso más allá. No solo somos conscientes, sino que somos además conscientes de nuestra consciencia.

Seguir evolucionando es lo que nos permite estudiarnos, convertirnos en humanos óptimos y autorrealizarnos.

Precisamente, es lo que tantos personajes a lo largo de la historia han estado buscando. Caminos diferentes del desarrollo de nuestra consciencia. Por ejemplo:

  • Para Aristóteles, el mayor bien humano era la eudaimonía.
  • Para Carl Rogers, la persona en su plenitud.
  • Para Abraham Maslow, la autorrealización.
  • Para Erik Erickson, la sabiduría e integridad.
  • Para Erich Fromm una orientación hacia el «ser». 

Personalmente, me gusta más la definición de Victor Frankl:

“El ser humano siempre apunta, y se dirige, a algo o alguien, que no es uno mismo, ya sea un significado para cumplir o para otro ser humano a encontrar. Cuanto más uno se olvida de sí mismo, entregándose a una causa a la que servir o a otra persona a la que amar, más humano es y más se actualiza. Lo que se llama autorrealización no es un objetivo alcanzable en absoluto, por la sencilla razón de que cuanto más uno se esfuerce por lograrlo, más lo echa de menos. En otras palabras, la autorrealización es posible solo como un efecto secundario de la autotrascendencia“.

Sin embargo, durante los últimos 30 años, la psicología ha tratado de verificar experimentalmente varios aspectos de estas teorías, destilando algunos principios claves sobre el uso de nuestra consciencia.

1. Mantén una mentalidad de crecimiento

“Si planeas deliberadamente ser menos de lo que eres capaz de ser, te advierto que serás profundamente infeliz por el resto de tu vida. Estarás eludiendo tus propias capacidades, tus propias posibilidades.”

Abraham Maslow

Tendemos a pensar que los seres humanos están motivados por niveles de necesidades. De forma que algunas necesidades básicas (salud física, seguridad o pertenencia) deben satisfacerse hasta cierto punto antes de que podamos realizarnos. 

Lo que se conoce como la famosa pirámide de Maslow.

Originalmente era esta misma sin el Wi-Fi 😉

El error de esta idea es pensar que si completamos cada paso, habremos terminado de lidiar con esa necesidad. Como si la vida fuera un videojuego, y una vez que completamos cada nivel, desbloqueamos el siguiente, sin mirar atrás. Es un concepto atractivo. Pero también es una tergiversación del potencial humano. 

Sin embargo, otros autores identifican algunas necesidades que necesitamos cubrir para ganar estabilidad, junto a otras que nos permiten crecer. Algunas de las primeras son la seguridad, la conexión y la autoestima. En el segundo grupo estan otras como la exploración, el amor o los propósitos. 

Y ambos grupos no son incompatibles

Las personas que mantienen una mentalidad de crecimiento tienden a obtener una puntuación más alta en autoaceptación, propósito en la vida, relaciones positivas, capacidad de manejar eficazmente el entorno y una sensación de autonomía en vida. 

Mientras intentamos mantener cierta estabilidad, debemos entender que es necesario es avanzar, día tras día, hacia lo mejor que la humanidad es capaz de convertirse.

2. Equilibra TUS necesidades básicas

Una gran cantidad de estudios han confirmado que los seres humanos de todas las culturas tienen una necesidad de autonomía, competencia, relación, seguridad y autoestima. Esto significa que nuestra conducta cotidiana debe cubrir las necesidades de nuestro cerebro filogenético: sentirse cuidado, util, recompensas, significado…

Sin embargo, la forma en cómo se expresan las necesidades son diferentes en cada cerebro. Hay cerebros mas distanciados de sus emociones y otras mas pegados a ellas, cerebros mas autonomos vs. otros socialmente orientados, cerebros mas impulsivos vs otras sobrerregulados, cerebros introvertidos vs extrovertidos. Esto es lo que conocemos como neurodiversidad.

Cada uno debe aprender a observarse y elegir sabiamente para alcanzar un equilibrio.

Sin equilibrio, será difícil lograr un funcionamiento óptimo. Por ejemplo, piensa en el adicto al trabajo que tiene mucha autonomía, seguridad, competencia y autoestima, pero tiene muy poca conexión social con los demás. A pesar su éxito, esta persona tenderá a los sentimientos de tristeza y soledad.

3. Metas alineadas con tu personalidad

Establecer objetivos extrínsecos (como dinero, belleza y estatus) tiende a hacernos menos felices, mientras que alcanzar objetivos intrínsecos  (como intimidad, comunidad y crecimiento personal) conduce a un mayor bienestar. (estudio)

También es importante elegir los roles sociales que mejor se adapten a nuestra personalidad. (estudio)

Las personas con metas bien alineadas con su personalidad son consistentes con su identidad, necesidades básicas, personalidad y talentos. (estudio)

4. Aprende a autorregularte

Algunos aspectos de nuestra personalidad que nos hacen sentir ansiedad o incomodidad, pueden obstaculizar nuestro progreso si no somos conscientes de ellos.

Necesitamos trabajar activamente en potenciar nuestras fortalezas y virtudes siguiendo estrategias de autorregulación: escribir un diario, meditar, hacer ejercicios de relajación, dar un paseo, hacer descansos, distraernos a propósito, crear algo nuevo…

5. Conócete, se flexible y reflexiona

“Ningún hombre se perderá irremediablemente si frecuenta su conciencia y viaja por su territorio interior.“

Pablo d’Ors

Cuando algo te apasiona, se convierte en parte de tu persona («soy escritor»), en lugar de ser sólo una actividad en la que disfrutas participando. El camino para convertirse en una persona óptima requiere desarrollar una confianza cada vez mayor en nuestra capacidad para saber qué es importante en cada momento.

Confía en ti mismo para abandonar una meta si ya no es apropiada para tu crecimiento. No eres un robot, ni debes actuar como tal. Asegúrate de tener tiempo y espacio para reflexionar y mejorar cada día. El diario anual es una manera de empezar.

6. Aprende cosas nuevas cada día

Cuando tenemos mucho trabajo, puede ser fácil caer en la trampa de la productividad. Pero para ser mejores más creativos e inteligentes cada día, necesitamos nutrir nuestro cerebro de nuevos aprendizajes. Necesitamos espacios para cultivar la curiosidad.

Hay muchas maneras: leer libros, blogs y newsletter, escuchar podcasts, cursos, unirse a comunidades, asistir a eventos, tomar notas… Ser autodidacta y aprender permanentemente es crucial en el mundo actual.

7. Transciende y crea un propósito

Por último, debemos aprovechar nuestra consciencia para alcanzar metas de mayor nivel, que nos trasciendan. Busca metas que se integren con tu personalidad y con el momento histórico que te ha tocado vivir. No solo busques cosas que te sean útiles a ti, sino sean útiles a los demás.

La necesidad de conectarnos con algo “mas grande“ que nosotros ha sido revelado por estudios y sabidurías tradicionales.

Reflexión final

Aunque no es una lista exhaustiva de pasos sobre cómo ser un ser humano óptimo, creo que es un buen comienzo. En resumen:

  • Busca un equilibrio de tus necesidades básicas de autonomía, competencia, relaciones, seguridad y autoestima.
  • Elige una meta que esté alineada con estas necesidades, tu personalidad, tus inclinaciones más primarias, y que ayuden a la comunidad o al mundo en general.
  • Busca cómo autorregularte para poder potenciar tus fortalezas.