2021 ha sido un año más largo de lo habitual. Han ocurrido tantas cosas que para mi es difícil pensar que solo hayan pasado 365 días.

A finales de 2020 deseaba tener algo más de estabilidad. Esperaba un año sin grandes incidentes, con momentos para descansar y reflexionar. Pero al final, nada salió como planeaba en casi ningún aspecto.

Viendo el lado positivo, mi energía mental aguantó lo suficiente y mi red de apoyo me permitió ser flexible aceptando cada nuevo obstáculo, y transformándolo en nuevos aprendizajes. Estoy agradecido al 2021 porque la intensidad a la que me ha sometido (compromisos, momentos emocionalmente complicados, muchas horas de trabajo) me ha permitido crecer.

Más de lo que me podía imaginar.

Si bien la primera mitad del año todo tendía al caos, al final supe cómo poner las diferentes piezas en su sitio y sentirme natural.

Este ya es el segundo año que comparto con vosotros mi revisión anual. Antes de empezar, aquí tienes un breve resumen de lo más destacado de este 2021 en cuanto a logros:

  • Escribí 43 artículos en el blog. Conseguí ser constante a pesar de las dificultades.
  • Di una charla TEDx hablando sobre la importancia de aprender cada día.
  • SmartSapiens apareció en varios podcast como Radio Fitness Revolucionario, El Estoico o El Rincón de Aquiles, por nombrar unos pocos. También en algún periódico 😉
  • Hice mi primer viaje a solas visitando los bosques de Navarra en el norte de España. Aproveché para visitar a algún lector de SmartSapiens
  • Consolidé varios hábitos como la lectura (han pasado unos 70 libros por mis manos), el entrenamiento (9.000 pasos diarios de media y 210 entrenamientos en total) y el descanso.
  • Terminé el retiro de 10 días de meditación Vipassana, y volví a psicoterapia después de 3 años.

Burnout profesional y emocional

A principios del año trabajaba cada semana de lunes a domingo, sin casi un día de descanso. Estaba demasiado encerrado en compromisos, proyectos y cosas que hacer. Quería ir más rápido de lo que podía. Iba en piloto automático.

Estaba tan quemado que no dejaba tiempo para cosas tan propias en mi como coger un café y leer un domingo.

Con el tiempo, tuve la suerte de aparecer en el podcast de Fitness Revolucionario, terminar el máster de ICNS, certificarme en cronobiología y dar una charla TEDx, pero no estoy seguro de si volvería a aceptar tantos compromisos si pudiera volver al pasado.

La ansiedad que surgió, consecuencia de la pandemia, seguía en segundo plano y tuve que aprender a lidiar con ella.

Por ejemplo, cuando me llamaron para hacer la charla TEDx le di demasiadas vueltas al tema que quería tratar. No sabía decidirme. Finalmente me propuse lanzar un mensaje sobre la importancia de aprender cada día porque considero que es el hábito que más puede transformar nuestras vidas, y el objetivo último que tengo con SmartSapiens.

Aunque estoy más o menos acostumbrado a hablar en público, sentí más ansiedad que nunca los últimos días previos y el momento de la charla. Me acordé de algunos consejos de Ramón Campayo para salir con más calma al escenario, pero aun así me sentí demasiado pequeño.

Una charla TEDx es algo muy diferente.

Son estas experiencias las que poco a poco, cada día, te ayudan a crecer en muchos sentidos: las personas que conocí allí, las que me apoyaron mientras preparaba el tema y exponía la charla, los mensajes de después, salir de mi zona de confort… Recuerdo irme a dormir ese día y pensar: «Saber dar una buena charla necesariamente requiere de mucha experiencia en la vida, cuando estás hablando al público no puedes hablar de memoria, sino que tu improvisación y mensaje debe estar lo suficientemente integrado en tu persona como para no sucumbir a los nervios.»

Gracias a la charla y la repercusión que tuvo, cada día me tomo más en serio mi hábito de lectura. Ahora leo por las mañanas, por las noches, antes de las siestas, en la playa, en la montaña. No he parado de aprender durante todo el año, y he dejado espacio para libros antes desconocidos para mí como son la religión, algunas ramas de la neurociencia, las relaciones o las ciencias naturales.

Aquella experiencia también cambió mi forma de aprender.

Una forma que encontré para motivarme durante el año fue volver a releer rutinas de grandes mentes, deportistas que admiro y compañeros de vida que tengo la suerte de conocer. Aunque nuestra situación vital no sea favorable, son estos momentos los que nos hacen crecer y desarrollar nuestra resiliencia.

Algo de lo que me siento realmente orgulloso es del crecimiento del blog.

Mantener el ritmo de contenido, los proyectos del trabajo o mis objetivos vitales al mismo tiempo era inviable. Así que me puse a pensar… ¿Si realmente quiero que miles de personas aprendan a aprovechar el potencial de su mente, qué cambios tengo que hacer yo? Definí la rutina de escritura que debía cumplir cada día. También, cambié mi agenda para aprovechar mejor el tiempo (entrenar por las mañanas, dar paseos más a menudo o meditar para despejarme). Y con todo esto y más, al final, fui capaz de publicar cada semanas algo nuevo.

Reto conseguido. Aquí puedes ver el resultado 🙂

Los podcast más escuchados han sido:

Y los artículos más leídos:

En definitiva, aprendí que para mantener una rutina creativa necesitaba adoptar una postura minimalista. Empecé a entrenar por sensaciones y no por objetivos, me dejó de importar cuántos libros leer y decidí hacer menos planes. Reducir me ayudó a entrar en la segunda mitad del año con más margen para mi salud mental, mayor claridad y espacio para cultivar mi curiosidad.

Espiritualidad, meditación y aburrimiento

Después de estos primeros meses sin freno, sabía que era el momento de mover las fichas del tablero, tomarme la vida con más calma, entrar en una dinámica de autoreflexión para conocerme mejor, verme en situaciones diferentes y darle una nueva dirección a mi vida.

A mediados de mayo me recomendaron que le echara un vistazo a esto de Vipassana. La verdad que lo pasé por alto, hasta que en julio volvieron a insistirme, que había sido uno de los retos con mayor impacto en sus vidas.

Me puse a buscar información por Internet, y estuve leyendo la experiencia de varias personas que habían escrito sobre ello.

Pensé: «Si no lo hago ya, no lo haré nunca».

El 15 de septiembre estaba en Dhamma Sacca (Ávila, España). Entrego mis pertenencias, y empezó uno de los retos más duros de mi vida: meditar 10 horas al día, en silencio y sin comunicación con las personas de alrededor, sin estímulos más que los pájaros y los bichos, y en total introversión.

Antes de ir al curso estuve cogiendo el hábito de meditar y el hábito de aburrirme durante semanas previas. Y os puedo asegurar que es muy difícil simular las sensaciones que tienes cuando, de verdad, empieza el curso.

Por ejemplo, en un momento cualquiera te sientas en la habitación, solo ves tu cama y tu ropa, y tienes una hora y media por delante para descansar después de una comida. No estas probando una hora en tu casa a no hacer nada… Literalmente no tienes la posibilidad de hacer nada. Es muy diferente.

El primer día para mí fue el peor con muchísima diferencia porque no sabía que la técnica de meditación se acaba haciendo tan dura, ni tampoco sabía lo que es meditar durante tantas horas sin respaldo. Y es que tampoco sabía la lucha que iba a tener contra mis propios pensamientos, rutinas mentales y emociones en bucle. Vipassana es un reto intelectual, físico y emocional. Y superarlo, un hito que solo entienden las personas que han pasado por el.

Otra de las cosas que más destaco de los primeros días es el shock que te llevas el primer día al empezar un ayuno de dopamina de los buenos. No tienes cafeína, ni dulces ni notificaciones, ni noticias, ni nada. En mi caso, los 3 primeros días fueron un reto en mayúsculas a nivel fisiológico. Si vas a ir a Vipassana, ten en cuenta que los primeros días se hacen duros no tanto por el reto de meditación, como por el cambio de contexto.

Muy diferentes fueron los últimos 3 días. No quiero contar mucho, pero estos fueron un reto de autodescubrimiento y de tolerancia al aburrimiento.

Aquellos 10 días tuve tiempo para poner orden mental, experimentar emociones con bastante intensidad y aprender a ver las cosas pasar con una actitud neutral y sin reaccionar. Fue una experiencia eterna, dura, y en varias ocasiones tuve la idea de salir de allí como fuera, pero me lo tomé como un test para mi Yo del futuro.

Y en general, este verano aprendí a vivir en soledad, descubrir con más claridad las cosas que me llenan de energía y me hacen sentir creativo.

Nada sale según lo planeado

Gracias a pasar varios días aburridos pude ver qué dirección quería tomar con mi vida.

Centrarme en los atributos que quería trabajar, en lugar de objetivos, me ha permitido crear sistemas que me ahorran tiempo para lo importante.

Por otro lado, ir planificando viajes sobre la marcha me ha permitido disfrutar de personas fantásticas.

La serendipia es esto.

Tener ciertas metas que te motivan, pero suficiente espacio para improvisar en tu vida. Exponerme al aburrimiento consiguió que ganara a mis sombras. Cada día sentía que era más productivo simplemente porque tenía menos cosas que hacer. Poco a poco he sentido que dedico mi tiempo a cosas que llenan mi vida de significado.

Este blog empezó en 2019, en parte como terapia personal, y me sigue sorprendiendo que todavía me siga sirviendo para sanarme.

Dejar espacio a la autenticidad

Este año he aprendido a seguir mi curiosidad, tener una mentalidad de crecimiento, y desarrollar un estilo de pensamiento más científico.

El mundo necesita personas auténticas. Pero la información constante, y el ocio vacío y rápido, nos alejan de la posibilidad de tener una identidad sana de nosotros mismos.

He descubierto que alejarnos de vez en cuando del mundo para ir a nuestro ritmo, es lo que nos permite crecer según nuestras necesidades. 

El ser humano necesita seguridad, conexión y una buena autoevaluación dentro del grupo, pero también espacio para trabajar nuestros propósitos, cuidar nuestras relaciones y explorar según nuestra curiosidad. De lo primero, nos pueden ayudar otras personas y es algo que debemos prestar atención siempre. Pero de lo segundo, depende de nosotros.

Si quieres hacer tu también una revisión anual, puedes echarle un ojo al Diario Anual.

¡Por un año más consciente!

Pablo